La crónica | Merino fulmina a Portugal a última hora

(Fuente: FIFA)

🟨 El futbolista del Arsenal salió al rescate de “La Roja” con una diana en el minuto 90 que supuso el 0-1 y hizo trizas el sueño luso.

España vuelve a estar entre las ocho mejores selecciones del mundo. Dieciséis años después, la Roja ha conseguido romper una barrera que durante demasiado tiempo se había convertido en una frontera infranqueable en los Mundiales. Lo ha hecho en Estados Unidos, México y Canadá, en una noche de máxima tensión, ante una Portugal que llevó a los de Luis de la Fuente hasta el límite y que obligó a la selección española a resistir, competir y creer hasta el último segundo. Cuando todo parecía encaminado hacia una prórroga inevitable, cuando las piernas comenzaban a pesar y el reloj se acercaba peligrosamente al final, apareció Mikel Merino para cambiar el destino de una eliminatoria que parecía condenada a prolongarse durante treinta minutos más. El centrocampista navarro, que había saltado al terreno de juego en el tramo final del encuentro, volvió a convertirse en héroe nacional en una gran noche internacional y marcó el 0-1 que permite a España regresar a los cuartos de final de una Copa del Mundo dieciséis años después.

La selección española ha vuelto a derribar una de esas barreras que durante tanto tiempo parecieron demasiado grandes y lo ha hecho con una victoria que resume a la perfección la madurez competitiva de un equipo que ha aprendido a ganar de muchas maneras diferentes. Esta vez no necesitó una goleada ni una exhibición de fútbol ofensivo. Necesitó paciencia, personalidad, concentración, sacrificio y, sobre todo, la capacidad de seguir creyendo cuando el gol parecía resistirse. España ya está en cuartos de final del Mundial 2026 y lo está después de superar una de las eliminatorias más exigentes que podía encontrar en su camino.

Luis de la Fuente apostó por primera vez durante este torneo por repetir el mismo once titular, una decisión que reflejaba la confianza del seleccionador en un grupo que había llegado hasta los octavos de final demostrando un enorme nivel competitivo. Dani Olmo volvió a ocupar la mediapunta, buscando recibir entre líneas y conectar con los hombres de ataque, mientras Pedro Porro se situó en el lateral derecho para enfrentarse a una Portugal que presentaba a Joao Félix como única novedad respecto al equipo que había superado a Croacia. En el otro lado, Roberto Martínez también confiaba en buena parte del bloque que había utilizado durante el torneo, con Cristiano Ronaldo como referencia ofensiva y con la intención de incomodar la salida de balón española mediante un marcaje muy estrecho sobre Rodri y Pedri. Portugal sabía que si conseguía desconectar a los dos centrocampistas españoles tendría muchas más posibilidades de reducir el dominio de la Roja, mientras España intentaba imponer su estilo y hacerse con el control de un partido en el que cada pérdida podía tener consecuencias enormes.

El encuentro comenzó con una igualdad absoluta, aunque con una ligera sensación de superioridad española en los primeros compases. La Roja trataba de mover el balón con velocidad para superar la presión portuguesa y encontrar espacios en una defensa que permanecía muy junta, mientras el conjunto luso buscaba aprovechar cualquier recuperación para lanzar ataques rápidos. Oyarzabal fue el primero en probar suerte con un disparo lejano, una primera declaración de intenciones de una España que quería comenzar a ganar metros desde el principio. Portugal respondió por medio de Cancelo con otro lanzamiento desde fuera del área, pero la primera gran oportunidad de la noche sería española y tendría como protagonista precisamente al delantero donostiarra. Una rápida combinación entre Rodri y Dani Olmo consiguió superar la presión portuguesa y dejó a Oyarzabal en una situación privilegiada, encarando a Diogo Costa en un mano a mano que podía haber cambiado por completo el desarrollo del encuentro. El delantero español tuvo ante sí la posibilidad de abrir el marcador, pero su disparo salió demasiado cruzado y se marchó fuera. España había encontrado el camino, aunque todavía le faltaba la precisión necesaria para convertir sus oportunidades en gol.

Con las ocasiones, el partido comenzó a ganar ritmo y ambos equipos elevaron la intensidad de sus presiones. La circulación de balón se volvió mucho más complicada y cada posesión comenzó a convertirse en una batalla por encontrar un pequeño espacio. En ese escenario apareció Lamine Yamal, siempre preparado para aprovechar cualquier mínimo error de la defensa rival. El extremo español supo leer la incorporación ofensiva de Nuno Mendes y aprovechó el espacio que dejaba el lateral portugués para atacar con velocidad. Lamine recibió, avanzó y encontró el momento para probar a Diogo Costa, que respondió con una magnífica intervención. El guardameta portugués, sin embargo, todavía tendría que volver a intervenir en la misma jugada, porque el rechace cayó en los pies de Alex Baena, cuyo disparo volvió a encontrarse con las manos del portero. Dos paradas consecutivas que evitaron que España se adelantara y que empezaron a convertir a Diogo Costa en uno de los grandes protagonistas de la eliminatoria.

España comenzó entonces a instalarse cada vez más cerca del área portuguesa y a controlar buena parte del territorio, aunque el particular duelo entre Lamine Yamal y Nuno Mendes estaba siendo favorable al defensor luso. Portugal, pese a encontrarse durante muchos minutos sometida al dominio territorial español, también sabía encontrar sus oportunidades cuando conseguía enlazar varios pases y superar la primera línea de presión. Así llegó una de sus mejores ocasiones de la primera mitad, después de una acción en la que Neto encontró un espacio para poner un centro preciso hacia el segundo palo. Joao Félix apareció en el lugar adecuado y conectó un cabezazo que obligó a intervenir a Unai Simón. El guardameta español consiguió detener el remate y también reaccionó rápidamente ante el rechace posterior, evitando que Cristiano Ronaldo pudiera aprovechar la segunda jugada. España resistía, pero Portugal ya había demostrado que no necesitaba dominar el partido para generar peligro.

La amenaza portuguesa se hizo todavía más evidente poco después, cuando una acción ensayada desde el saque de esquina terminó con un potente disparo de Nuno Mendes. El lateral portugués golpeó con fuerza y Pedro Porro consiguió desviar ligeramente la trayectoria del balón, pero el esférico terminó estrellándose contra el larguero. España se salvó por centímetros en una acción que pudo haber cambiado completamente el destino del encuentro. Unai Simón no habría podido hacer demasiado ante aquel remate y la madera se convirtió en la mejor aliada de la Roja. Portugal había encontrado su mejor momento en el tramo final de la primera mitad, aunque España, en el balance general de los primeros 45 minutos, había sido ligeramente superior y había disfrutado de las oportunidades más claras. El marcador, sin embargo, permanecía inmóvil y todo quedaba abierto para una segunda mitad en la que ambos equipos sabían que cualquier pequeño detalle podía marcar la diferencia.

Ninguno de los dos seleccionadores realizó cambios después del descanso y los mismos 22 protagonistas regresaron al césped para afrontar una segunda mitad que comenzó con una Portugal mucho más decidida. España perdió parte del control que había ejercido durante la primera parte y comenzó a cometer más errores de lo habitual, mientras los portugueses aumentaban la presión y dificultaban cada vez más la circulación de balón de la Roja. Las posesiones largas empezaron a desaparecer y España encontraba muchas más dificultades para conectar con sus hombres de ataque. El partido parecía entrar en un escenario peligroso para los de Luis de la Fuente, que necesitaban recuperar el control antes de que Portugal pudiera aprovechar su mejor momento para adelantarse en el marcador.

La situación también obligó a Roberto Martínez a mover sus piezas. Nuno Mendes, uno de los futbolistas más importantes del encuentro y protagonista del duelo individual con Lamine Yamal, tuvo que abandonar el terreno de juego en el minuto 55 debido a una lesión muscular. Su salida modificó el panorama de un partido en el que el lateral portugués había conseguido contener durante muchos minutos al joven extremo español. Portugal también dio entrada a Diogo Dalot y Rafael Leao en lugar de Cancelo y Joao Félix, buscando aumentar su velocidad y capacidad de desequilibrio en los metros finales. España, mientras tanto, intentaba recuperar sensaciones y volver a encontrar espacios en una defensa portuguesa cada vez más cerrada.

Lamine Yamal volvió a intentarlo con una falta directa que obligó a Diogo Costa a intervenir, pero España seguía sin conseguir dominar el partido como lo había hecho durante algunos tramos de la primera mitad. Luis de la Fuente decidió entonces buscar una solución en el banquillo y dio entrada a Ferran Torres en lugar de Alex Baena. El atacante del Barcelona aportó una energía diferente y consiguió dinamizar el ataque español. Su movilidad permitió a la Roja encontrar nuevas vías para acercarse al área portuguesa y, poco a poco, el equipo comenzó a recuperar parte del protagonismo perdido. Ferran y Dani Olmo tuvieron opciones para desequilibrar la eliminatoria, aunque el gol seguía sin aparecer y el tiempo comenzaba a convertirse en el principal enemigo de España.

El seleccionador español continuó moviendo el banquillo y decidió dar entrada a Mikel Merino en lugar de Dani Olmo, mientras Pedri dejaba su sitio a Fabián Ruiz. Eran movimientos destinados a afrontar los últimos minutos de una eliminatoria que parecía destinada a resolverse en la prórroga. El cansancio comenzaba a hacerse evidente en ambos equipos, las piernas ya no respondían con la misma velocidad y cada futbolista sabía que quedaba poco tiempo para evitar treinta minutos adicionales de máxima tensión. España seguía buscando el gol, Portugal resistía y el marcador parecía condenado a permanecer en blanco. Pero el fútbol, en ocasiones, guarda sus mejores historias para los últimos instantes.

Cuando el partido parecía abocado irremediablemente a la prórroga, España encontró el camino hacia el gol. Y lo hizo gracias a una conexión que quedará para siempre en la memoria de esta selección. Ferran Torres recibió el balón en una zona peligrosa y, en apenas una fracción de segundo, levantó la cabeza para buscar una solución. El atacante español detectó el movimiento de Mikel Merino, que había iniciado un desmarque inteligente a la espalda de la defensa portuguesa. El navarro entendió perfectamente el espacio que se había generado y atacó la zona libre con la determinación de quien sabe que quizá está ante la última oportunidad de evitar la prórroga. Ferran leyó el movimiento y puso el balón en el lugar exacto, con la precisión suficiente para que Merino pudiera recibirlo con ventaja y plantarse frente a Diogo Costa.

Entonces llegó el momento que cambiaría la historia de la eliminatoria. Mikel Merino se encontró cara a cara con el guardameta portugués, el mismo futbolista que durante toda la noche había mantenido a Portugal con vida con sus intervenciones ante Oyarzabal, Lamine Yamal y Alex Baena. El navarro sabía que no podía concederle tiempo para reaccionar. En esas situaciones, cuando el delantero recibe dentro del área y tiene al portero delante, la decisión debe ser inmediata. Un toque de más puede permitir al guardameta ganar terreno; una duda puede convertir una ocasión de gol en una oportunidad perdida. Merino no dudó. Controló la situación, levantó la mirada durante el instante necesario para medir la posición del portero y ejecutó con una frialdad extraordinaria. Su remate salió de sus botas con la dirección y la precisión necesarias para superar a Diogo Costa y terminar en el fondo de la portería portuguesa. El guardameta se lanzó intentando evitar lo inevitable, pero esta vez no pudo hacer nada. El balón cruzó la línea y España marcó el 0-1 en el momento más importante de toda la eliminatoria.

El gol fue una explosión. Los jugadores españoles corrieron hacia Mikel Merino mientras el banquillo saltaba de alegría. Ferran Torres, el hombre que había encontrado el desmarque y había entregado la asistencia, también se convirtió en protagonista de una acción que resumía la capacidad de España para encontrar soluciones cuando el partido parecía cerrado. Pero todas las miradas terminaron sobre Merino, el héroe de una noche que volvía a recordar inevitablemente a aquella histórica actuación en Múnich. El centrocampista navarro volvía a aparecer en un escenario de máxima exigencia, volvía a marcar cuando España más lo necesitaba y volvía a demostrar que hay futbolistas que parecen tener una relación especial con los grandes momentos. Su gol no fue únicamente una definición perfecta ante Diogo Costa. Fue la recompensa a la insistencia de una selección que se había negado a rendirse y el premio a un jugador que había entrado desde el banquillo dispuesto a cambiar el destino del encuentro.

Pero el gol no significaba que la eliminatoria hubiera terminado. Todavía quedaban cinco minutos de sufrimiento. Portugal tenía que lanzarse al ataque y España debía defender con todo lo que le quedaba. El marcador podía cambiar en cualquier instante y la Roja sabía que no podía permitirse ningún error. El tiempo añadido se convirtió en una auténtica prueba de resistencia. Cada despeje español era celebrado como una pequeña victoria y cada balón que Portugal acercaba al área generaba una sensación de peligro enorme. La selección portuguesa sabía que estaba a un solo gol de forzar la prórroga y comenzó a colgar balones y buscar remates aéreos en los últimos metros.

Bernardo Silva y Joao Neves tuvieron las últimas oportunidades para Portugal, ambos con remates de cabeza que terminaron marchándose desviados. España respiró. El reloj siguió avanzando. El minuto 99 apareció en el marcador y la tensión alcanzó su punto máximo. Portugal buscaba un último milagro, pero la defensa española resistió. Unai Simón mantuvo su portería a cero y la Roja consiguió cerrar una actuación defensiva extraordinaria, sumando su quinta portería imbatida del torneo. Entonces, Anthony Taylor, el mismo árbitro que había dirigido aquella noche inolvidable de Múnich, señaló el final del partido. España estaba en cuartos de final del Mundial.

Habían pasado dieciséis años desde la última vez que la selección española había alcanzado esta ronda de una Copa del Mundo. Dieciséis años desde aquella generación que hizo historia y que convirtió el fútbol español en campeón del mundo. Desde entonces, demasiadas veces los octavos de final se habían convertido en el punto final del camino. Pero esta vez la historia ha cambiado. Esta vez España ha superado la barrera. Lo ha hecho ante una Portugal que se marcha del torneo después de haber competido hasta el último segundo y que, a priori, también ha vivido el último Mundial de Cristiano Ronaldo. El delantero portugués disputó los 90 minutos, aunque no pudo encontrar el camino del gol, y se despide de la competición con tres tantos en este torneo y 11 en el total de sus seis participaciones mundialistas, dejando atrás una trayectoria histórica que ha marcado una época completa del fútbol internacional.

Pero esta noche pertenece a España. Pertenece a una selección que ha alcanzado los cuartos de final después de una eliminatoria durísima y que vuelve a demostrar que está preparada para competir contra cualquiera. Pertenece a una defensa que ha vuelto a ser un muro y que solo ha permitido dos remates entre los tres palos de Portugal. Pertenece a Unai Simón, que volvió a aparecer cuando su equipo lo necesitaba. Pertenece a Ferran Torres, que encontró el pase decisivo cuando parecía que ya no quedaban espacios. Pertenece a Luis de la Fuente, que volvió a acertar con sus movimientos desde el banquillo. Y, por encima de todos, pertenece a Mikel Merino, el futbolista que saltó al campo en el tramo final y que terminó escribiendo con letras de oro su nombre en una nueva página de la historia de la selección española.

Porque cuando España necesitaba un héroe, apareció el héroe de Múnich. Cuando el reloj pedía una prórroga, Merino decidió que no quería esperar. Cuando Portugal parecía haber conseguido resistir durante toda la noche, Ferran encontró el desmarque y el navarro hizo el resto. Recibió, encaró, mantuvo la calma y definió con una precisión extraordinaria para convertir una jugada en historia. Fue un gol de delantero, de futbolista grande, de jugador acostumbrado a entender que los partidos importantes se deciden en pequeños instantes. Fue el gol que devolvió a España a los cuartos de final de un Mundial dieciséis años después y que permitió a la Roja seguir caminando hacia un sueño que, a partir de ahora, vuelve a parecer posible.

España ya está entre las ocho mejores selecciones del planeta. Ha sobrevivido a Portugal, ha mantenido su portería a cero y ha prolongado su impresionante racha hasta los 36 partidos oficiales consecutivos sin conocer la derrota. Pero, sobre todo, ha demostrado que esta generación no está dispuesta a conformarse con llegar hasta aquí. La Roja ha cruzado una frontera que durante demasiado tiempo se había resistido y ahora mira hacia adelante con la certeza de que todavía queda mucho camino por recorrer. El Mundial continúa y España sigue viva. Lo hace después de una noche de sufrimiento, de resistencia y de fe. Lo hace gracias a un equipo que supo esperar su momento y a un futbolista que, una vez más, decidió aparecer cuando más falta hacía. Mikel Merino volvió a ser el héroe de una noche histórica y su gol ya forma parte de esas imágenes que permanecerán para siempre en la memoria del fútbol español: Ferran encontrando el desmarque, Merino atacando el espacio, Diogo Costa frente a él, el remate cruzando la línea y toda España celebrando al mismo tiempo. Dieciséis años después, la Roja vuelve a estar en cuartos de final de un Mundial. Y esta vez, cuando el sueño parecía a punto de convertirse en prórroga, fue Mikel Merino quien decidió que la historia debía continuar.

📋 Ficha técnica |

PORTUGAL: Costa; Cancelo (Dalot, min.71), Dias, Veiga, Nuno Mendes (Semedo, min.56); Joao Neves, Vitinha (Bernardo Silva, min.83); Neto (Conceiçao, min.83), Bruno Fernandes, Joao Felix (Leao, min.71); y Cristiano Ronaldo

ESPAÑA: Unai Simón; Porro, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Pedri (Fabián, min.85); Lamine Yamal, Olmo (Merino, min.85), Baena (Ferran, min.75); y Oyarzabal (Borja Iglesias, min.90+7).

–ÁRBITRO: Anthony Taylor (ING). Amonestó a Bernardo Silva (min.89) y Veiga (90+4) en Portuga, y a Ferran (min.90+8) por parte de España.

–ESTADIO: AT&T de Dallas (Estados Unidos)

Goles |

0-1 Mikel Merino 91’ ⚽️

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