
🟨 España vuelve a estar entre las cuatro mejores selecciones del mundo. La Roja sobrevivió a un duelo de máxima tensión ante Bélgica y, cuando todo parecía abocado a la prórroga, Mikel Merino apareció en el último suspiro para desatar la locura y sellar el billete a las semifinales. Antes, Fabián Ruiz había adelantado a los españoles y De Ketelaere había devuelto la igualdad al marcador, pero el combinado nacional se negó a rendirse y encontró en el tiempo añadido el gol que mantiene vivo el sueño mundialista.
España vuelve a estar entre las cuatro mejores selecciones del mundo. Dieciséis años después de aquella inolvidable aventura en Sudáfrica, la Roja ha vuelto a derribar una de las grandes fronteras de su historia y ya está en las semifinales del Mundial de Estados Unidos, México y Canadá. Lo ha hecho después de superar a Bélgica en una eliminatoria de cuartos de final tan agónica como histórica, en un partido que parecía condenado a la prórroga y que terminó resolviéndose, una vez más, en el tramo final y gracias, una vez más, a la figura de Mikel Merino. El centrocampista navarro volvió a disfrazarse de héroe cuando España más lo necesitaba, apareció a falta de apenas dos minutos para el final del tiempo reglamentario y marcó el 2-1 que permitió a la selección española conquistar sus segundas semifinales mundialistas de la historia. Como ocurriera en Sudáfrica 2010 frente a Paraguay, los cuartos de final volvieron a exigir a España un ejercicio de paciencia, resistencia y fe. La diferencia es que esta vez el héroe tenía un nombre que ya comienza a convertirse en sinónimo de noches grandes. Mikel Merino volvió a llegar desde atrás, volvió a leer antes que nadie dónde podía caer el balón y volvió a aparecer en el lugar exacto para convertir un rechace en un billete directo hacia la historia. España ya está en semifinales y se enfrentará a Francia el próximo 14 de julio, precisamente el día nacional del país galo, en una batalla por un puesto en la gran final del Mundial. La Roja ha ganado cinco partidos en este torneo, suma ya 37 encuentros oficiales consecutivos sin conocer la derrota y ha conseguido cerrar definitivamente una de las heridas más dolorosas de su pasado mundialista, aquella que durante décadas estuvo asociada a los cuartos de final y a una Bélgica que había eliminado a España precisamente en esta ronda del Mundial de México 1986. Los cuartos de final ya no son malditos. La historia ha cambiado. España ha superado siete eliminatorias consecutivas en esta ronda y ahora vuelve a mirar de frente a la posibilidad de jugar una nueva final mundialista.
La única nota negativa de una noche inolvidable fue el final de la extraordinaria racha de imbatibilidad de Unai Simón en las Copas del Mundo. El guardameta español había construido un muro prácticamente infranqueable durante el torneo y había alcanzado los 650 minutos sin recibir un solo gol en un Mundial, pero Bélgica consiguió encontrar una grieta en el único momento en el que España bajó ligeramente la guardia. Aquel tanto de Charles De Ketelaere fue el primero que encajó la selección española en todo el campeonato y también el primero que recibió Unai Simón en esta edición, aunque la Roja continúa siendo el equipo menos goleado de la competición, con un único tanto recibido, y el que menos remates entre los tres palos ha concedido, con apenas ocho disparos a puerta. El dato refleja la enorme fortaleza defensiva de un equipo que ha convertido la seguridad atrás en una de sus grandes señas de identidad y que, incluso cuando el rival consigue encontrar el camino hacia el gol, demuestra una capacidad extraordinaria para reaccionar y volver a tomar el control del encuentro.
La previa ya había dejado claro que el partido tendría novedades importantes en ambos equipos. Luis de la Fuente decidió introducir a Fabián Ruiz en el centro del campo en lugar de Pedri González, buscando aportar mayor presencia física y capacidad de llegada ante una Bélgica que se presumía cerrada y preparada para esperar su oportunidad. Rudi García, por su parte, recuperaba a dos futbolistas de enorme importancia como Kevin De Bruyne y Jérémy Doku, que regresaban al once para intentar dotar al conjunto belga de mayor creatividad y velocidad en sus transiciones. Sin embargo, el técnico francés tuvo que afrontar un contratiempo inesperado incluso antes de que comenzara el partido, ya que Youri Tielemans sintió molestias durante el calentamiento y no pudo ser finalmente de la partida. Su lugar en el doble pivote lo ocupó Hans Vanaken, que pasó a acompañar a Nicolas Raskin en una modificación de última hora que obligaba a Bélgica a reajustar sus planes justo antes del pitido inicial.
España salió al terreno de juego con la personalidad que la ha acompañado durante todo el Mundial. La Roja quería el balón, quería moverlo con velocidad y pretendía instalarse desde el principio en campo rival. Bélgica, sin embargo, tenía muy claro el partido que quería jugar. El equipo de Rudi García no estaba dispuesto a adelantar demasiado sus líneas ni a realizar una presión agresiva que pudiera dejar espacios a la espalda. Su plan estaba diseñado para esperar, cerrar caminos interiores y buscar posteriormente la velocidad de Doku, Trossard y compañía cuando recuperara la pelota. España tenía el dominio territorial y la posesión, mientras Bélgica esperaba pacientemente su oportunidad para correr. Era un escenario que exigía paciencia a los de Luis de la Fuente, porque cualquier pérdida podía convertirse en una ocasión peligrosa para los diablos rojos.
Los primeros minutos transcurrieron con una España dominante, aunque con dificultades para encontrar espacios claros cerca del área belga. Lamine Yamal intentaba recibir abierto, buscar el uno contra uno y generar superioridades desde la banda, mientras Dani Olmo y Baena trataban de moverse entre líneas. Pero Bélgica había construido un bloque defensivo muy bajo y compacto que obligaba a España a circular el balón de un lado a otro esperando encontrar una grieta. Las ocasiones tardaban en aparecer y el primer aviso realmente peligroso llegaría con un disparo de Lamine desde la frontal del área que se marchó desviado. El extremo del Barcelona comenzaba a dar muestras de estar viviendo una de sus mejores noches del torneo y parecía decidido a convertirse en una de las grandes amenazas para una defensa belga que debía vigilar cada uno de sus movimientos.
Después de la pausa de hidratación, España encontró por fin la combinación que llevaba buscando durante tantos minutos. Lamine Yamal recibió en la banda derecha y, junto a Pedro Porro, comenzó a construir una jugada que terminó rompiendo por primera vez la estructura defensiva belga. La asociación entre ambos permitió a la Roja avanzar metros y generar una situación de peligro en el área. El balón terminó llegando a Dani Olmo, que consiguió sacar un remate raso hacia la portería de Thibaut Courtois. El guardameta belga respondió, pero no pudo quedarse con la pelota. El rechace quedó suelto en una zona absolutamente peligrosa y allí apareció Fabián Ruiz, que había sido una de las novedades de Luis de la Fuente en el once inicial y que estaba destinado a convertirse en protagonista. El centrocampista español no dudó y mandó el balón al fondo de la red para poner el 1-0 en el marcador.
España se adelantaba.
Y Luis de la Fuente volvía a acertar con sus decisiones.
Fabián Ruiz, precisamente el futbolista elegido para sustituir a Pedri, acababa de marcar el gol que rompía el equilibrio de una eliminatoria que comenzaba a inclinarse hacia el lado español. La jugada había nacido de la conexión entre Lamine y Pedro Porro, había terminado con el remate de Dani Olmo y encontraba su desenlace en la aparición de Fabián, que llegó desde atrás para aprovechar el rechace de Courtois. Una acción que resumía muchas de las virtudes de esta España: paciencia para construir, velocidad para acelerar cuando aparece el espacio y presencia en el área para aprovechar la segunda jugada.
El gol dio todavía más confianza a España y especialmente a Lamine Yamal, que comenzó a encontrar espacios con mayor frecuencia. El extremo español, cada vez más protagonista, tuvo la oportunidad de ampliar la ventaja con un lanzamiento de falta directa que obligó a Courtois a intervenir. El guardameta belga volvió a demostrar por qué es uno de los mejores del mundo y evitó que la Roja pudiera poner tierra de por medio. Lamine estaba viviendo sus mejores minutos en el torneo y parecía dispuesto a romper definitivamente el partido. En otra acción individual consiguió superar a varios defensores y volvió a generar peligro, pero el segundo gol no llegaba.
Y cuando menos lo esperaba Bélgica, apareció el empate.
En su primera llegada realmente peligrosa sobre la portería española, los diablos rojos encontraron el camino del gol. Timothy Castagne puso un centro preciso hacia el área y Charles De Ketelaere consiguió ganar la posición a Pau Cubarsí para conectar un cabezazo que superó a Unai Simón. El guardameta español, que había mantenido su portería a cero durante 650 minutos en los Mundiales, no pudo evitar esta vez el tanto. El balón terminó dentro y la eliminatoria volvía a comenzar desde cero.
España había dominado.
España había sido mejor.
Pero Bélgica había encontrado el empate en su primera gran oportunidad.
El golpe fue duro, aunque la selección española no perdió la calma. El equipo de Luis de la Fuente siguió intentando imponer su estilo y se marchó al descanso con una sensación clara: había sido superior, había generado más fútbol y había tenido más control, pero el marcador reflejaba una igualdad que obligaba a comenzar prácticamente de nuevo. El 1-1 convertía la segunda mitad en una nueva batalla y Bélgica sabía que el resultado le daba argumentos para mantener su plan de partido. Los diablos rojos podían seguir defendiendo bajo y esperar una oportunidad para volver a golpear a la contra.
La segunda mitad comenzó con el mismo guion. España seguía dominando el balón y Bélgica continuaba replegada, aunque Doku y Trossard intercambiaron sus posiciones para intentar generar nuevos problemas a la defensa española. La Roja no estaba realizando un mal partido, pero el encuentro había entrado en una dinámica más cerrada y espesa. Bélgica se sentía cómoda defendiendo cerca de su área y España tenía cada vez más dificultades para encontrar espacios. Luis de la Fuente decidió entonces mover el banquillo y dio entrada a Pedri y Ferran Torres en lugar de Fabián Ruiz y Baena. El seleccionador buscaba recuperar velocidad en la circulación y encontrar nuevas soluciones ante un rival que había conseguido cerrar prácticamente todos los caminos hacia su portería.
Rudi García respondió con sus propios movimientos. Romelu Lukaku entró al terreno de juego junto a Axel Witsel y Roberto Seys, mientras Trossard, De Cuyper y el propio De Ketelaere, autor del empate, abandonaban el campo. Bélgica buscaba más experiencia y presencia física para afrontar el tramo final de la eliminatoria. España, mientras tanto, seguía insistiendo. Y las oportunidades comenzaron a aparecer.
Lamine Yamal volvió a encontrar un espacio y puso a prueba a Courtois. Poco después, Mikel Oyarzabal también tuvo una ocasión para adelantar nuevamente a España. Pero Courtois seguía siendo un muro. El guardameta belga respondió a ambas acciones y mantuvo a su equipo con vida. Sin embargo, las intervenciones terminarían teniendo un precio. Courtois comenzó a sentir molestias en su pierna izquierda y, aunque inicialmente intentó continuar sobre el terreno de juego, finalmente no pudo seguir. La portería belga cambió de dueño y Senne Lammens entró para afrontar los minutos más importantes del partido.
El encuentro entraba en una fase extraña. España seguía dominando, pero el ritmo había disminuido. Bélgica estaba cada vez más cómoda dentro de su bloque bajo y la Roja necesitaba algo diferente para romper una eliminatoria que comenzaba a parecerse peligrosamente a aquellas noches en las que todo termina decidiéndose en la prórroga. Luis de la Fuente lo sabía y decidió recurrir a un futbolista que ya había demostrado tener una relación especial con los grandes momentos. Nico Williams volvió a aparecer en el torneo después de la lesión sufrida ante Uruguay y entró en lugar de Oyarzabal. Su velocidad debía servir para estirar a una defensa belga cada vez más hundida y generar espacios donde apenas quedaban.
Pero la eliminatoria pedía algo más.
Pedía a alguien capaz de aparecer cuando todos los demás ya estaban cansados.
Pedía a alguien capaz de leer una jugada antes que el resto.
Y Luis de la Fuente volvió a mirar hacia el banquillo.
Mikel Merino estaba preparado.
El navarro saltó al campo para afrontar el tramo definitivo de una eliminatoria que parecía dirigirse hacia la prórroga. España seguía acumulando posesión, seguía buscando centros, combinaciones y disparos desde la frontal, pero Bélgica defendía con todos sus hombres cerca del área. La selección española necesitaba una última oportunidad y, cuando el partido entraba en sus últimos minutos, esa oportunidad apareció de una manera inesperada.
Pau Cubarsí recibió el balón lejos de la portería y decidió probar suerte desde larga distancia. El central español golpeó con fuerza buscando sorprender a Senne Lammens. El guardameta belga no consiguió atrapar el disparo y dejó un rechace peligrosísimo dentro del área. Y en ese instante, en ese preciso momento en el que el balón quedó suelto y todos los futbolistas parecían reaccionar al mismo tiempo, hubo uno que reaccionó antes que los demás.
Mikel Merino.
El hombre que entiende dónde va a caer el balón antes de que el balón llegue.
El hombre que parece tener un radar especial para los grandes momentos.
El hombre que ya había aparecido contra Portugal.
Y que ahora volvía a hacerlo contra Bélgica.
Merino había entrado al terreno de juego apenas 115 segundos antes, pero no necesitó más para cambiar la historia. Mientras la defensa belga intentaba despejar el rechace, el navarro atacó el balón con una determinación absoluta. Vio la pelota suelta, vio la portería delante y entendió que aquella era la oportunidad que España llevaba buscando durante toda la segunda mitad. No había tiempo para pensar. No había espacio para dudar. Había que llegar antes que nadie.
Y llegó.
Merino apareció como aparece siempre en las grandes noches: desde atrás, con inteligencia, con instinto y con una determinación que parecía multiplicarse cuando el partido alcanzaba su punto máximo de tensión. El centrocampista español se lanzó sobre el rechace y conectó con el balón antes de que la defensa belga pudiera reaccionar. Su remate salió disparado hacia la portería y terminó superando a Lammens. El balón cruzó la línea y España volvió a ponerse por delante en el marcador.
2-1.
El Mundial volvió a detenerse.
España acababa de marcar a falta de apenas dos minutos para alcanzar el minuto 90.
Y otra vez había sido Mikel Merino.
El navarro había vuelto a hacerlo.
Había vuelto a aparecer.
Había vuelto a llegar en el momento exacto.
Solo habían pasado 115 segundos desde que había saltado al césped y ya había cambiado la historia de España.
La celebración fue inmediata. Los futbolistas españoles corrieron hacia él mientras el banquillo se levantaba de golpe. Luis de la Fuente sabía perfectamente lo que acababa de ocurrir. Había vuelto a confiar en su hombre talismán y, una vez más, Mikel Merino había respondido. El centrocampista navarro se estaba convirtiendo en una figura imprescindible de las grandes noches de esta selección. Después de marcar el gol que había eliminado a Portugal en los octavos de final, ahora volvía a aparecer en los cuartos ante Bélgica para enviar a España directamente hacia las semifinales.
Y esta vez, además, lo hacía con una estadística que parecía escrita para alimentar la leyenda: apenas 115 segundos sobre el césped.
España necesitaba un héroe.
Merino apareció.
Bélgica estaba contra las cuerdas. Los diablos rojos sabían que habían dejado escapar una eliminatoria que durante muchos minutos habían conseguido mantener igualada a pesar del dominio español. Ahora solo quedaba una opción: lanzarse desesperadamente hacia la portería de Unai Simón e intentar encontrar un empate que enviara el partido a la prórroga. Los últimos minutos fueron un ejercicio de resistencia para la selección española. Cada balón aéreo, cada despeje y cada segunda jugada se convirtió en una batalla. Bélgica acumulaba hombres arriba, pero la defensa española volvió a demostrar el nivel extraordinario que está manteniendo durante todo el torneo.
España resistió.
Los minutos pasaron.
El reloj llegó al 97.
Y entonces Michael Oliver señaló el final.
España estaba en semifinales.
Por segunda vez en toda su historia mundialista.
Dieciséis años después de aquella generación que conquistó el mundo en Sudáfrica, la Roja vuelve a estar a solo dos partidos de levantar de nuevo la Copa del Mundo. El camino hasta aquí ha sido extraordinario. Cinco victorias en cinco partidos y 37 encuentros oficiales consecutivos sin conocer la derrota. Una selección que continúa creciendo, que sigue compitiendo y que ha demostrado que puede ganar incluso cuando los partidos se complican y el rival consigue llevarla al límite. España ha dejado atrás definitivamente la maldición de los cuartos de final y también ha cerrado una herida histórica con Bélgica, la selección que la eliminó en México 1986. Aquella historia ya pertenece al pasado. Los cuartos dejaron de ser malditos hace tiempo, pero ahora la Roja ha conseguido algo todavía más importante: convertirlos en un punto de partida hacia algo mucho más grande.
Y ahora espera Francia.
El 14 de julio.
El día nacional francés.
Una semifinal mundialista.
Un lugar en la gran final en juego.
España contra Francia.
Dos selecciones separadas por una frontera, pero unidas por una rivalidad futbolística que vuelve a escribir un nuevo capítulo en el escenario más importante de todos. La Roja llegará a esa cita con la confianza de quien sabe que está preparada para competir contra cualquiera. Llegará después de haber superado a Portugal y Bélgica, después de haber sufrido y después de haber aprendido a ganar de todas las maneras posibles. Llegará con Lamine Yamal creciendo, con una defensa que apenas concede oportunidades, con Unai Simón convertido en uno de los grandes guardianes del torneo y con un Mikel Merino que parece haber encontrado una conexión sobrenatural con los momentos decisivos.
Porque si alguien hubiera escrito el guion de este Mundial, probablemente habría sido difícil imaginar una historia así. Mikel Merino vuelve a aparecer cuando el partido se apaga. Vuelve a entrar desde el banquillo. Vuelve a necesitar apenas unos segundos para convertirse en protagonista. Vuelve a encontrar un rechace. Vuelve a llegar antes que nadie. Y vuelve a mandar el balón al fondo de la red cuando España más lo necesita.
Contra Portugal fue el héroe.
Contra Bélgica volvió a serlo.
Y ahora España mira a Francia sabiendo que tiene un futbolista que parece haber nacido para estas noches.
La Roja ya está en semifinales.
La historia vuelve a abrirse.
España vuelve a estar entre las cuatro mejores del mundo
Y el sueño continúa.
📋 Ficha técnica |
ESPAÑA: Unai Simón; Porro, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Fabián (Pedri, min.55); Yamal, Olmo (Merino, min.86), Baena (Ferran, min.55); y Oyarzabal (Nico Williams, min.79).
BÉLGICA: Courtois (Lammens, min.71); Castagne, Ngoy, Mechele, De Cuyper (Seys, min.60); Raskin, Vanaken; Doku, De Bruyne (Saelemaekers, min.85), Trossard (Witsel, min.60); y De Katelaere (Lukaku, min.60).
ÁRBITRO: Michael Oliver (ING). Amonestó a Cubarsí (min.43) y Laporte (min.90+3) en España, y a De Bruyne (min.85) y Witsel (min.90+5) en Bélgica.
–ESTADIO: SoFi Stadium de Los Ángeles (Estados Unidos). 70.492 espectadores.
Goles |
1-0 Fabián Ruiz 30’ ⚽️
1-1 De Ketelaere 41’ ⚽️
2-1 Mikel Merino 88’ ⚽️