
⬛️ España y Cabo Verde firmaron tablas sin goles en su debut en el Mundial 2026, tras un encuentro equilibrado y con escasas ocasiones claras.

✍🏻 Manu López & Silvia García
La Selección Española de Fútbol vuelve a ponerse el traje de aspirante al título para iniciar una nueva aventura mundialista con un objetivo que ilusiona a todo un país: conquistar la segunda estrella de su historia y volver a levantar el trofeo más prestigioso del fútbol dieciséis años después de la inolvidable conquista de Sudáfrica 2010.
El combinado dirigido por Luis de la Fuente afronta el Mundial 2026 con la confianza que le otorga haber llegado a la cita como vigente campeón de Europa, con una plantilla repleta de talento y con la sensación de haber construido un proyecto sólido que ha devuelto a España al grupo de las grandes potencias internacionales.
Cada debut en una Copa del Mundo representa un examen de máxima exigencia. Da igual el nombre del rival o las diferencias que puedan existir sobre el papel porque el primer partido suele marcar el estado anímico de una selección durante el resto del campeonato. Una victoria permite ganar tranquilidad, reforzar la confianza del vestuario y afrontar los siguientes compromisos con mayor margen de maniobra, mientras que un tropiezo puede complicar un camino que apenas acaba de empezar. Precisamente por ello,
“La Roja” saldrá al césped con la única idea de sumar los tres puntos y empezar con buen pie una competición en la que aspira a llegar hasta el último día.
El estreno del conjunto español será frente a Cabo Verde, una selección que vivirá uno de los momentos más importantes de toda su historia al disputar por primera vez una fase final de la Copa del Mundo.
El combinado africano ha conseguido abrirse paso hasta la élite internacional después de años de crecimiento y ahora tendrá la oportunidad de medirse desde el primer minuto a una de las favoritas para levantar el título. La diferencia de experiencia entre ambas selecciones es evidente, pero precisamente ese papel de equipo revelación convierte a Cabo Verde en un rival que afrontará el encuentro sin presión y con la ilusión de sorprender al mundo entero.
España y Cabo Verde se verán las caras en la primera jornada del Grupo H, un grupo que reúne perfiles muy diferentes y que promete una intensa lucha por las dos plazas que dan acceso a las rondas eliminatorias. Junto a ambos equipos también aparecen Uruguay y Arabia Saudí. Los sudamericanos vuelven a presentarse como una selección con enorme tradición en las grandes competiciones y acostumbrada a competir al máximo nivel, mientras que Arabia Saudí intentará volver a protagonizar alguna sorpresa como ya ha hecho en anteriores ediciones del Mundial. En ese contexto, empezar con una victoria puede resultar fundamental para que España encarrile su clasificación y afronte con mayor tranquilidad los siguientes compromisos.
La cita tendrá lugar el lunes 15 de junio de 2026. En España, el encuentro comenzará a las 18:00 horas, mientras que en Atlanta el reloj marcará las 12:00 del mediodía cuando el árbitro dé la orden de inicio. El escenario elegido será el Mercedes-Benz Stadium, uno de los estadios más modernos y espectaculares del panorama deportivo internacional. Inaugurado en 2017, el recinto destaca por su innovadora cubierta retráctil, su enorme capacidad y la tecnología de última generación que incorpora en todas sus instalaciones. No es casualidad que haya sido seleccionado como una de las sedes principales del Mundial y que albergue partidos de enorme relevancia durante el campeonato.
Atlanta será, por tanto, el punto de partida del sueño español. La ciudad estadounidense, una de las grandes referencias económicas y culturales del país, se transformará durante esos días en un auténtico centro neurálgico del fútbol mundial con miles de aficionados llegados desde todos los continentes. Entre ellos habrá una importante representación española que acompañará a la selección en el inicio de una aventura que despierta una enorme ilusión tras los éxitos conseguidos en los últimos años.
La llegada de Luis de la Fuente al banquillo nacional supuso el comienzo de una nueva etapa marcada por la renovación y por la consolidación de una identidad muy reconocible. España ha recuperado la competitividad frente a las mejores selecciones del planeta y ha conseguido combinar el tradicional gusto por el balón con una mayor verticalidad y agresividad ofensiva. El equipo ha aprendido a dominar los partidos a través de la posesión, pero también a acelerar cuando el contexto lo exige, convirtiéndose en una selección mucho más completa y difícil de descifrar para sus rivales.
El campeonato mundial representa además una oportunidad para confirmar que el éxito continental no fue una casualidad. Después de conquistar la Eurocopa, las expectativas alrededor de La Roja se han disparado y el combinado nacional aparece en la mayoría de pronósticos como uno de los equipos con más opciones de alcanzar las rondas finales. Sin embargo, la experiencia demuestra que ningún favorito tiene garantizado el éxito en un torneo tan exigente, donde pequeños detalles pueden decidir el destino de una generación entera.
Enfrente estará una Cabo Verde que aterriza en el Mundial con el mayor logro deportivo de toda su historia reciente. La clasificación para la fase final ya supuso una explosión de alegría para el país africano, que ahora afronta la competición con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder y mucho que ganar. Esa condición puede convertirla en un adversario incómodo para cualquier rival, especialmente en los primeros minutos del campeonato, cuando todavía existen nervios y cierta incertidumbre sobre el verdadero nivel competitivo de cada selección.
Desde un punto de vista táctico, el partido parece dibujar un escenario muy claro. España intentará monopolizar la posesión del balón desde el pitido inicial, instalarse en campo contrario y mover el juego con paciencia hasta encontrar espacios en la defensa rival. Cabo Verde, por su parte, previsiblemente apostará por un bloque compacto, reducirá al máximo las distancias entre líneas y tratará de aprovechar cualquier recuperación para lanzar rápidas transiciones ofensivas que puedan sorprender al conjunto español.
Para “La Roja” una de las claves estará en mantener la concentración durante los noventa minutos y evitar cualquier exceso de confianza. Los Mundiales están repletos de ejemplos en los que las selecciones favoritas sufrieron inesperados tropiezos frente a rivales teóricamente inferiores, por lo que el cuerpo técnico insiste en afrontar el encuentro con la máxima intensidad desde el primer segundo. Ganar el debut no solo supondría sumar tres puntos fundamentales para la clasificación, sino también enviar un mensaje al resto de candidatos al título.
La importancia del encuentro trasciende lo puramente deportivo. Millones de españoles volverán a organizar reuniones familiares y encuentros con amigos para seguir el estreno de la selección nacional en televisión, recuperando una tradición que acompaña al país cada vez que llega una gran competición internacional. El Mundial siempre consigue detener durante unas horas la rutina diaria y convertir cada partido de España en un acontecimiento compartido por generaciones enteras.
El recuerdo de Sudáfrica 2010 sigue muy presente en la memoria colectiva del fútbol español. Aquel histórico equipo consiguió conquistar por primera vez la Copa del Mundo y dejó una huella imborrable gracias a una forma de entender el juego que maravilló al planeta. Dieciséis años después, una nueva generación tiene la responsabilidad de intentar igualar aquella gesta y construir su propia historia, consciente de que el camino hacia la gloria comienza precisamente en el primer partido.
El Mundial 2026, además, tendrá un carácter especial por tratarse de la primera edición con 48 selecciones participantes y por celebrarse de manera conjunta en Estados Unidos, Canadá y México. La ampliación del número de equipos convierte el torneo en el más grande jamás organizado por la FIFA y multiplica la presencia de países que buscarán sorprender a las grandes potencias tradicionales del fútbol internacional.
En ese contexto aparece Cabo Verde, que afronta su estreno absoluto en una Copa del Mundo con el orgullo de representar a toda una nación y con el convencimiento de que puede competir de tú a tú frente a rivales de mayor tradición. Para los africanos, cada minuto sobre el césped supondrá una oportunidad de seguir escribiendo una historia que ya ha superado todas las expectativas previas.
Los aficionados españoles podrán seguir el encuentro en directo y en abierto a través de La 1 de RTVE, una retransmisión que concentrará buena parte de la atención mediática del país y que servirá para comprobar por primera vez el estado competitivo de una selección llamada a pelear por el campeonato. La expectación es máxima y las ilusiones vuelven a dispararse con cada hora que pasa.

España sabe que los títulos no se ganan en la primera jornada, pero también es consciente de que pueden empezar a perderse desde el debut. Por eso, la misión de los hombres de Luis de la Fuente será salir al Mercedes-Benz Stadium con personalidad, imponer su fútbol desde el inicio, minimizar cualquier margen para la sorpresa y demostrar que la candidatura al título está respaldada por argumentos sólidos sobre el terreno de juego. Si todo sale según lo previsto, el camino hacia la segunda estrella comenzará con una victoria que permita mirar al futuro con optimismo y mantener vivo el sueño de volver a reinar en el fútbol mundial.
🏆 FIFA World Cup 2026
🙌🏻 Matchday 1 | Grupo H
❤️💛❤️
📆 Lunes, 15 de junio de 2026
⏰ 18:00 horario peninsular
📺 La 1 de RTVE
🇪🇸 España 🆚 🇨🇻 Cabo Verde
🏟️ Mercedes-Benz Stadium, Atlanta

El duelo en detalle |

Las ganas de que empezara el mundial para España y Cabo Verde eran muchas. Cada selección tenía diferentes objetivos, pero las dos selecciones con la misma ilusión de que llegara esta cita mundialista, pero no iba a ser este choque una fiesta, pues adoleció de la salsa de este deporte, los goles.
Hay empates que saben a poco y hay empates que dejan una sensación de inquietud mucho más profunda que la simple pérdida de dos puntos. El de España frente a Cabo Verde pertenece claramente al segundo grupo. El marcador final reflejó un 0-0 que, visto de forma aislada, podría interpretarse como un simple accidente en el estreno mundialista de una selección llamada a pelear por todo. Sin embargo, la realidad del encuentro fue bastante más compleja. España dominó, monopolizó la posesión, instaló el partido en campo contrario durante prácticamente los noventa minutos y generó ocasiones suficientes para resolver el encuentro con comodidad, pero aun así fue incapaz de encontrar el camino hacia el gol. La Roja se encontró con una selección africana perfectamente organizada, convencida de su plan desde el primer minuto y sostenida por la actuación monumental de Vozinha, un veterano guardameta de cuarenta años que terminó convirtiéndose en el protagonista absoluto de una de las primeras grandes sorpresas del campeonato.
La llegada de España a este Mundial había estado acompañada por una sensación de confianza pocas veces vista en los últimos años. El equipo de Luis de la Fuente aterrizaba en Estados Unidos con la vitola de campeón de Europa, con una generación de futbolistas que mezcla experiencia y juventud como pocas selecciones pueden presumir y con la convicción de que su estilo de juego había alcanzado una madurez competitiva que le permitía adaptarse a cualquier escenario. Durante los últimos meses se había instalado la idea de que España ya no era únicamente una selección capaz de controlar partidos mediante la posesión, sino también un equipo preparado para competir en contextos mucho más exigentes y resolver situaciones complicadas. Sin embargo, el estreno mundialista sirvió para recordar que los torneos cortos son territorios imprevisibles donde una mala tarde puede alterar por completo el panorama de un grupo.
El ambiente previo al encuentro estuvo marcado por una noticia que monopolizó buena parte de las conversaciones futbolísticas de la jornada. El anuncio del fichaje de Cucurella por el Real Madrid había generado un enorme revuelo mediático durante toda la mañana y muchos focos apuntaban hacia el lateral español incluso antes de que comenzara el partido. Sin embargo, Luis de la Fuente trató rápidamente de desplazar la atención hacia el terreno de juego con una alineación que ofrecía varios elementos interesantes. La principal novedad era la presencia de Gavi en el once inicial, una apuesta que generó debate desde el mismo instante en que se hicieron públicas las alineaciones. Al mismo tiempo, Nico Williams y Lamine Yamal, dos de los futbolistas más desequilibrantes de la selección, comenzarían el partido en el banquillo, una decisión que evidenciaba la intención del seleccionador de controlar el encuentro desde el inicio y reservar recursos para una segunda mitad que presumiblemente exigiría soluciones diferentes.
La teoría parecía razonable antes del pitido inicial. La práctica fue mucho más complicada de ejecutar. Desde los primeros minutos quedó claro cuál iba a ser el planteamiento de ambos equipos. España se adueñó inmediatamente del balón y comenzó a instalarse en campo rival mientras Cabo Verde dibujaba un bloque defensivo extremadamente compacto, ordenado y disciplinado. No hubo sorpresas. No hubo intentos de presionar arriba. No hubo aventuras innecesarias. El conjunto dirigido por Bubista entendió perfectamente cuál era la diferencia de talento entre ambas selecciones y decidió convertir el partido en un ejercicio de resistencia colectiva.
Durante muchos minutos el encuentro se desarrolló exactamente en los términos que más favorecían a Cabo Verde. España acumulaba posesión pero encontraba enormes dificultades para progresar entre líneas. Rodri, normalmente capaz de gobernar cualquier partido desde la base de la jugada, comenzó el encuentro con varias pérdidas impropias de su nivel. Fabián no conseguía acelerar la circulación con la continuidad necesaria. Gavi aparecía demasiado lejos de las zonas donde realmente podía resultar decisivo. Oyarzabal y Ferran recibían casi siempre de espaldas y rodeados de rivales. La sensación era que España tenía el control absoluto del escenario pero no conseguía alterar el orden defensivo africano.
Los minutos pasaban y la circulación española empezaba a caer en cierta monotonía. La pelota viajaba de un costado al otro, los centrales acumulaban pases y los centrocampistas buscaban constantemente líneas interiores que simplemente no existían. Cabo Verde defendía con una solidaridad admirable. Cada movimiento español encontraba una respuesta inmediata. Cada intento de combinación era neutralizado por una ayuda defensiva perfectamente sincronizada. Cada recepción peligrosa provocaba la aparición de dos o tres camisetas azules alrededor del balón. No era una defensa espectacular desde el punto de vista estético, pero sí extraordinariamente eficaz.
España comenzó a encontrar algo más de profundidad cuando decidió buscar soluciones diferentes. Los balones largos a la espalda de la defensa empezaron a convertirse en una herramienta mucho más útil que los ataques elaborados por dentro. Fue entonces cuando apareció la figura de Cucurella. El lateral comenzó a interpretar perfectamente los espacios que dejaba la estructura defensiva caboverdiana y sus incorporaciones constantes terminaron convirtiéndose en la principal fuente de peligro de la selección española. Cada carrera obligaba a la defensa rival a retroceder algunos metros. Cada desmarque introducía una duda en un sistema que hasta ese momento había funcionado con precisión milimétrica.
Precisamente de una de esas acciones nació la oportunidad más clara de toda la primera parte. Cucurella apareció nuevamente a la espalda de la defensa y logró conectar un cabezazo hacia el centro del área. Allí apareció Ferran Torres con todo a favor para inaugurar el marcador. El delantero remató prácticamente a bocajarro y durante una fracción de segundo pareció imposible que aquella jugada no terminara en gol. Sin embargo, el balón se estrelló violentamente contra el larguero y el grito de celebración quedó congelado en la garganta de miles de aficionados españoles.
La acción no terminó ahí. El rechace cayó en una zona favorable para España y Oyarzabal logró conectar un nuevo remate que parecía destinado a convertirse en el primer gol del encuentro. Fue entonces cuando apareció Vozinha por primera vez de forma decisiva. El guardameta reaccionó con unos reflejos extraordinarios y evitó el tanto con una intervención que comenzaba a anticipar la noche que estaba a punto de protagonizar. Aquella parada fue importante, pero todavía estaba lejos de ser la más espectacular de una colección que crecería con el paso de los minutos.
El tramo final de la primera mitad ofreció una versión mucho más reconocible de España. La selección logró encerrar completamente a Cabo Verde alrededor de su área y empezó a generar una sensación de asedio permanente. Ferran volvió a encontrarse con el portero africano tras otro centro peligroso de Cucurella. Laporte obligó nuevamente a intervenir a Vozinha después de un saque de esquina. Los acercamientos se acumulaban y daba la impresión de que el descanso llegaría como una pausa incómoda para una España que finalmente había encontrado el camino correcto hacia la portería rival.
Los 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con el resultado gafas y todo estaba pendiente de resolución en el segundo y definitivo acto, la emoción era palpable.

Por eso sorprendió tanto lo ocurrido en la segunda parte. En lugar de consolidar la tendencia positiva con la que había terminado el primer tiempo, España comenzó a perder claridad en sus ataques. El dominio seguía siendo absoluto y la posesión seguía inclinándose de forma aplastante hacia el lado español, pero la circulación empezó a ser más lenta y previsible. A medida que los minutos avanzaban comenzó a aparecer un enemigo que suele ser letal en este tipo de partidos: la ansiedad.
Cada ocasión fallada aumentaba la presión. Cada minuto sin marcar hacía crecer la sensación de urgencia. Los futbolistas españoles seguían atacando pero cada vez asumían menos riesgos creativos. El miedo a perder la pelota comenzaba a pesar más que el deseo de encontrar soluciones diferentes. Cabo Verde detectó perfectamente ese cambio emocional y se sintió cada vez más cómoda defendiendo un resultado que empezaba a parecer posible.
Las gradas reclamaban cambios. El partido necesitaba velocidad, desborde y desequilibrio individual. Necesitaba exactamente aquello que representan Nico Williams y Lamine Yamal. Por eso la reacción del estadio fue inmediata cuando el joven extremo del Barcelona comenzó a prepararse para entrar al terreno de juego. La expectación fue enorme. Cada vez que Lamine toca un balón parece que algo extraordinario puede ocurrir. Sus primeros minutos respondieron precisamente a esa expectativa. Intentó encarar. Buscó situaciones de uno contra uno. Se atrevió con movimientos imposibles. Generó una energía diferente alrededor del equipo.
Sin embargo, el impacto inicial fue disminuyendo progresivamente. Cabo Verde ajustó su estructura defensiva, multiplicó las ayudas sobre su banda y consiguió reducir cada vez más los espacios disponibles. Algo parecido ocurrió con Nico Williams, que tampoco encontró escenarios favorables para explotar sus virtudes. España tenía el balón, tenía el territorio y tenía la iniciativa, pero seguía sin tener la llave para abrir una defensa que parecía fortalecerse con cada minuto que pasaba.
Las estadísticas comenzaban a adquirir dimensiones enormes. Más del setenta y cinco por ciento de posesión. Cerca de treinta ocasiones generadas. Un dominio territorial prácticamente absoluto. Sin embargo, el dato más importante seguía inmóvil. El marcador continuaba reflejando un empate sin goles que empezaba a resultar cada vez más inquietante para la selección española.
Mientras España acumulaba frustración, Cabo Verde acumulaba confianza. Lo más admirable del conjunto africano fue que nunca renunció completamente a la posibilidad de atacar. Bubista entendió que limitarse a defender durante noventa minutos podía resultar demasiado peligroso y decidió utilizar los cambios para introducir velocidad y energía en las transiciones ofensivas. La intención era clara: aprovechar los espacios que inevitablemente aparecerían detrás de una España cada vez más volcada sobre la portería rival.
La estrategia estuvo cerca de producir un desenlace histórico. Durante los últimos minutos del encuentro, la selección española comenzó a dejar demasiados metros libres a su espalda. La desesperación por encontrar el gol provocó algunos desajustes defensivos y Cabo Verde encontró varias oportunidades para correr. Por primera vez en toda la noche apareció la sensación de que el partido podía escaparse por completo. Unai Simón tuvo que intervenir para evitar el desastre y Dani Olmo realizó una acción defensiva decisiva que impidió que la gran sorpresa del campeonato se materializara de forma definitiva.
Cuando el árbitro señaló el final del encuentro, las sensaciones eran muy diferentes en ambos bandos. Los jugadores de Cabo Verde celebraban el empate como una victoria histórica. No era para menos. Habían conseguido frenar a una de las principales candidatas al título mundial. Habían resistido durante noventa minutos de sufrimiento constante. Habían ejecutado su plan con una disciplina admirable y habían encontrado en Vozinha a un líder capaz de sostener al equipo en los momentos más difíciles.
España, en cambio, abandonó el terreno de juego con una mezcla de frustración, incredulidad y preocupación. No porque hubiera realizado un mal partido. De hecho, en muchos aspectos el rendimiento colectivo fue positivo. La selección dominó completamente el juego, generó ocasiones suficientes para ganar con claridad y apenas concedió oportunidades durante gran parte del encuentro. El problema fue que todas esas virtudes resultaron insuficientes para superar a un rival que defendió mejor de lo que muchos esperaban.
El gran interrogante que deja este estreno tiene que ver con la capacidad de España para resolver partidos similares en el futuro inmediato. Arabia Saudí y Uruguay ya han tomado nota de lo ocurrido. Ambos saben que la mejor manera de competir contra la selección española pasa por reducir espacios, proteger el carril central y obligar a La Roja a encontrar soluciones en escenarios de máxima densidad defensiva. Luis de la Fuente tendrá varios días para buscar respuestas, porque el margen de error se ha reducido considerablemente después de este empate.
España tuvo alguna oportunidad más de anotar pero no lo logró. Y en el minuto91, Cabo Verde tuvo la mejor ocasión del partido. Tras un corner que rematóBorges, pero el cabezazo no fue lo suficientemente potente y el portero español lo paró con bastante facilidad.
Por otra parte, para España y su afición fue una decepción y un enfadotremendo. Ya que se esperaban una victoria por goleada y dejó mucho quedesear. En las redes sociales se notó el enfado de los españoles ya que muchagente subió videos a las redes quejandose del nefasto partido que había
La buena noticia para España es que sigue dependiendo exclusivamente de sí misma para terminar como líder de grupo. La mala es que ha perdido la tranquilidad que ofrece una victoria en la primera jornada. A partir de ahora cada partido tendrá un peso mucho mayor y cada detalle adquirirá una importancia enorme.
Mientras tanto, el nombre que quedará grabado en la memoria de esta jornada será el de Vozinha. No el de Rodri. No el de Gavi. No el de Lamine Yamal. No el de Nico Williams. El héroe inesperado de la noche fue un portero veterano que durante noventa minutos convirtió cada disparo español en una oportunidad para agrandar su leyenda. Cuando dentro de muchos años Cabo Verde recuerde este empate, probablemente no hablará de posesiones, sistemas tácticos o estadísticas avanzadas. Recordará la noche en que una selección debutante desafió a una potencia mundial y sobrevivió. Recordará la noche en que España descubrió que ganar un Mundial es infinitamente más difícil de lo que parece.
Y, sobre todo, recordará la noche en que un hombre de cuarenta años se convirtió en el dueño absoluto del escenario más grande del fútbol .

📋 Ficha técnica |
España 0-0 Cabo Verde
Competición: Copa del Mundo 2026
Fase: Fase de grupos (Grupo H) – 1.ª jornada
Fecha: —
Estadio: Estadio de Atlanta
Árbitro: Adham Makhadmeh (Jordania)
Asistentes: Mohammad Al-Kalaf y Ahmad Alroalle (Jordania)
Cuarto árbitro: Andrés Rojas (Colombia)
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ESPAÑA (0)
Titulares:
Unai Simón; Marcos Llorente, Pau Cubarsí, Aymeric Laporte, Marc Cucurella; Rodri (cap.), Pedri, Fabián Ruiz; Ferran Torres, Gavi y Mikel Oyarzabal.
Suplentes utilizados:
Mikel Merino (71’, por Fabián Ruiz), Lamine Yamal (71’, por Gavi), Dani Olmo (81’, por Ferran Torres) y Nico Williams (87’, por Rodri).
Suplentes no utilizados:
David Raya, Joan García, Marc Pubill, Alejandro Grimaldo, Eric García, Pedro Porro, Martín Zubimendi, Álex Baena, Yeremy Pino y Borja Iglesias.
Seleccionador: Luis de la Fuente.
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CABO VERDE (0)
Titulares:
Vozinha; Diney Borges, Pico Lopes, Sidny Lopes Cabral, Steven Moreira; Kevin Pina, Jovane Cabral, Jamiro Monteiro; Laros Duarte, Dailon Livramento y Ryan Mendes (cap.).
Suplentes utilizados:
Willy Semedo (61’, por Jovane Cabral), Deroy Duarte (61’, por Laros Duarte), Nuno da Costa (61’, por Dailon Livramento), Telmo Arcanjo (79’, por Jamiro Monteiro) y João Paulo (76’, por Sidny Lopes Cabral).
Suplentes no utilizados:
Márcio Rosa, CJ dos Santos, Stopira, Logan Costa, Wagner Pina, Kelvin Pires, João Paulo, Garry Rodrigues, Yannick Semedo y otros convocados.
Seleccionador: Bubista.
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GOLES:
No hubo goles.
AMONESTACIONES
- Sidny Lopes Cabral (Cabo Verde), min. 16.
- Pedri (España), min. 90+3.
INCIDENCIAS: Primer partido del Grupo H del Mundial. España dominó ampliamente la posesión y generó numerosas ocasiones de gol, pero se encontró con una sobresaliente actuación de Vozinha y con una defensa caboverdiana muy sólida. El empate deja abierto el grupo a la espera del encuentro entre Arabia Saudí y Uruguay.
