
🟨 Un solitario gol de Álex Baena bastó para que España superara a Uruguay (0-1) en un duelo de máxima exigencia y certificara su clasificación, dejando a la selección celeste fuera del torneo. El combinado de Luis de la Fuente volvió a demostrar su madurez competitiva en un encuentro marcado por la igualdad, la intensidad y las escasas ocasiones, resolviendo el choque gracias a la calidad de su centro del campo y a una sólida actuación defensiva que neutralizó el potencial ofensivo de Darwin Núñez y compañía. Con este triunfo, la Roja dio un paso al frente en sus aspiraciones, mientras Uruguay se despidió tras plantar cara hasta el último minuto, pero sin encontrar el premio del gol que necesitaba para mantenerse con vida.
A las 2:00 de la madrugada, hora peninsular española, mientras buena parte del país duerme, la selección española afrontará uno de esos partidos que marcan el rumbo de un Mundial. La Roja cerrará la fase de grupos frente a Uruguay en el Estadio Guadalajara con el liderato del Grupo H todavía en juego y con la oportunidad de confirmar las magníficas sensaciones que ha transmitido desde el inicio del campeonato. Será una noche de fútbol en la que el escenario tendrá casi tanto protagonismo como los propios futbolistas. Hay estadios que simplemente albergan partidos. Y hay estadios que parecen haber sido construidos para convertir cada encuentro en un acontecimiento. El Estadio Guadalajara pertenece a esa segunda categoría. Inspirado en la silueta de un volcán que emerge de la tierra jalisciense, el recinto mexicano vivirá su despedida de la Copa del Mundo. Después del Uruguay-España no volverá a escuchar un himno mundialista, no volverá a vibrar con una eliminatoria ni con una celebración. Será su último estallido antes de apagar definitivamente el fuego que lo ha convertido durante varias semanas en uno de los escenarios más espectaculares del torneo.
España llega a esta tercera jornada como líder del Grupo H con cuatro puntos, los mismos que la clasificación refleja desde el empate sin goles frente a Cabo Verde en el estreno y la contundente goleada por 4-0 ante Arabia Saudí en la segunda jornada. Aquella victoria disipó cualquier duda que pudiera haber dejado el primer encuentro y devolvió a la selección española la imagen de equipo dominante, ambicioso y capaz de imponer su fútbol desde la posesión, la presión alta y el talento individual de una generación que aspira a seguir ampliando la edad dorada del fútbol español. Sin embargo, el trabajo todavía no está terminado. La clasificación matemática para los dieciseisavos de final está muy encaminada y únicamente una derrota por una diferencia de goles muy amplia alteraría ese escenario, pero el objetivo de Luis de la Fuente pasa por cerrar el grupo en la primera posición para afrontar un camino, al menos sobre el papel, más favorable en las eliminatorias. En un Mundial donde cada detalle puede cambiar el destino de una selección, terminar primero o segundo puede significar enfrentarse a un rival completamente diferente y condicionar el recorrido hacia los cuartos de final.
Enfrente estará una Uruguay que llega con la urgencia que siempre convierte a la Celeste en un adversario especialmente peligroso. El conjunto sudamericano ha empatado sus dos primeros compromisos del campeonato, primero ante Arabia Saudí (1-1) y después frente a Cabo Verde (2-2), dos resultados que le obligan prácticamente a jugar una final en esta tercera jornada. El equipo dirigido por Marcelo Bielsa sabe que no puede especular. Necesita sumar para mantener vivas sus opciones de clasificación y esa necesidad convierte el partido en un ejercicio de máxima exigencia para España. La propuesta de Bielsa rara vez entiende de cálculos. Sus equipos presionan alto, atacan con muchos futbolistas, aceleran el ritmo del encuentro y convierten cada recuperación en una oportunidad para llegar al área rival. Esa identidad competitiva ha acompañado al técnico argentino durante toda su carrera y también define a una selección uruguaya que mezcla la experiencia de futbolistas consolidados con una nueva generación llamada a mantener vivo el prestigio internacional de la Celeste.
España afronta este compromiso desde una posición completamente distinta. Luis de la Fuente ha construido un equipo reconocible, capaz de monopolizar la posesión sin renunciar a la verticalidad cuando el contexto lo exige. La circulación rápida del balón, la movilidad permanente de los centrocampistas, la profundidad de los extremos y la capacidad para recuperar inmediatamente tras pérdida se han convertido en algunas de las grandes señas de identidad de una selección que ha sabido combinar la herencia del fútbol español con un punto de agresividad ofensiva que la hace todavía más difícil de defender. Frente a Arabia Saudí aparecieron muchas de esas virtudes. España fue paciente cuando tuvo que serlo, intensa cuando el partido lo reclamó y contundente en las áreas, una combinación imprescindible para competir por un campeonato del mundo.
Todo apunta a que el seleccionador volverá a apostar por un once muy competitivo, aunque no puede descartarse alguna rotación pensando en el desgaste físico acumulado y en el horizonte de las eliminatorias. La profundidad de plantilla permite a España afrontar este tipo de decisiones sin perder competitividad. La irrupción de jóvenes futbolistas junto a la experiencia de jugadores acostumbrados a disputar grandes torneos ha generado un equilibrio que invita al optimismo. La sensación que transmite el grupo es la de un equipo convencido de su idea de juego, cómodo con el balón y preparado para adaptarse a diferentes escenarios competitivos.
Uruguay, sin embargo, representa precisamente uno de esos escenarios incómodos. Históricamente la Celeste ha construido su identidad alrededor de la intensidad competitiva, la fortaleza defensiva y la capacidad para sobrevivir a partidos de máxima tensión. A ello se suma ahora la influencia de Marcelo Bielsa, un entrenador que ha llevado su propuesta ofensiva a todas las selecciones y clubes que ha dirigido. El técnico argentino busca presiones adelantadas, ritmo elevado y ataques muy verticales. España tendrá que superar esa primera línea de presión con precisión y paciencia, evitando pérdidas comprometidas que permitan a Uruguay instalarse cerca del área española. Si consigue superar esa barrera inicial, encontrará espacios para imponer la calidad de sus centrocampistas y castigar a una selección obligada a asumir riesgos.
El partido también tendrá un importante componente emocional. España y Uruguay representan dos de las selecciones con mayor tradición del fútbol internacional. La Roja conquistó el Mundial de Sudáfrica 2010 y llega a esta cita como vigente campeona de Europa, mientras que Uruguay presume de dos títulos mundiales y de una historia que comenzó mucho antes que la de la mayoría de selecciones actuales. Hablar de la Celeste es hablar del fútbol en su estado más puro, de una selección que hizo del carácter competitivo una seña de identidad y que todavía conserva el respeto de todo el panorama internacional. Hablar de España es hacerlo de una de las grandes potencias del siglo XXI, de un equipo acostumbrado a dominar el balón y a competir por cada título que disputa.
Los precedentes entre ambas selecciones refuerzan todavía más el atractivo del encuentro. España y Uruguay se han enfrentado en diez ocasiones a lo largo de la historia y el balance favorece claramente al combinado español, que permanece invicto gracias a cinco victorias y cinco empates. Entre esos enfrentamientos destacan especialmente los dos disputados en la Copa del Mundo. El primero tuvo lugar en Brasil 1950 y terminó con un espectacular empate a dos goles en una fase final que acabaría convirtiéndose en una de las más recordadas de la historia por el posterior Maracanazo uruguayo. Cuarenta años después, en Italia 1990, ambas selecciones volvieron a cruzarse en otro Mundial y firmaron un empate sin goles en un encuentro marcado por la igualdad y la enorme intensidad defensiva. Desde entonces han coincidido en varios amistosos internacionales, siempre con España manteniendo esa condición de invicta frente a la Celeste. El último precedente se remonta al amistoso disputado en Catar antes del Mundial de 2022, resuelto con victoria española por 3-1.
El escenario también aporta una dimensión especial al partido. Guadalajara ha abrazado el Mundial con entusiasmo desde el primer día. La ciudad mexicana ha respondido con estadios llenos, un ambiente festivo en las calles y una pasión futbolística que ha convertido cada jornada en una celebración. El Estadio Guadalajara, con su espectacular cubierta inspirada en un volcán, ha sido uno de los iconos arquitectónicos del campeonato. Su diseño permite que la iluminación, la acústica y el ambiente multipliquen la sensación de intensidad durante los partidos. La FIFA eligió este recinto como una de las sedes del torneo precisamente por esa combinación entre modernidad, capacidad y simbolismo. Ahora, cuando el Mundial abandone definitivamente la ciudad, quedará el recuerdo de noches inolvidables y de un estadio que supo estar a la altura de la competición más importante del fútbol.
El encargado de impartir justicia será el estadounidense Ismail Elfath, uno de los árbitros con mayor experiencia del panorama internacional. Árbitro FIFA desde hace más de diez años, ha dirigido encuentros en Mundiales, Copas Oro, Liga de Campeones de la CONCACAF y otras grandes competiciones internacionales. Su perfil encaja con el tipo de partido que se espera en Guadalajara: intensidad, ritmo elevado y dos selecciones acostumbradas a competir al límite de sus posibilidades.
Mientras tanto, millones de aficionados españoles volverán a desafiar al reloj. La madrugada no impedirá que miles de hogares permanezcan despiertos para acompañar a una selección que sigue despertando ilusión. Será una de esas noches en las que el silencio de las calles contrasta con el ruido de los televisores, en las que el fútbol consigue alterar la rutina y reunir a familias y amigos alrededor de un mismo objetivo. Porque un Mundial siempre tiene algo distinto. Cada partido puede cambiar el destino de una generación y cada detalle puede acabar formando parte de la memoria colectiva.
España quiere marcharse de Guadalajara con el liderato asegurado, con la confianza reforzada y con la sensación de que su candidatura al título sigue creciendo. Uruguay pretende escribir una historia completamente distinta, aferrándose a la tradición competitiva de una selección que jamás entrega un partido antes de tiempo. Sobre el césped se enfrentarán dos campeones del mundo, dos escuelas futbolísticas diferentes y dos maneras de entender este deporte. En las gradas se vivirá la última gran noche mundialista de un estadio construido para rugir. Cuando el árbitro señale el final del encuentro, el volcán se apagará. Las luces del Estadio Guadalajara comenzarán a perder intensidad, el Mundial continuará su camino hacia las eliminatorias y la ciudad recuperará poco a poco su pulso cotidiano. Pero antes de que llegue ese silencio definitivo, todavía queda una última erupción. Y en su centro estarán España, Uruguay y noventa minutos capaces de marcar el futuro de ambos en la Copa del Mundo.

🏆 FIFA World Cup 2026
🙌🏻 Matchday 3 | Grupo H
❤️💛❤️
📅 Jueves, 27 de junio de 2026
⏰ 02:00 h (hora peninsular española)
📺 La 1 de RTVE
🇺🇾 Uruguay 🆚 España 🇪🇸
🏟️ Estadio Guadalajara (Akron), Zapopan (México)
El duelo a fondo |

Los onces |

Antes del pitido inicial, ambos seleccionadores dieron a conocer las alineaciones con las que afrontaron un encuentro de máxima exigencia entre dos de las selecciones más competitivas del panorama internacional. Uruguay apostó por un equipo de marcado carácter físico, intenso en la presión y con capacidad para castigar cualquier error del rival a la contra, mientras que España presentó un once diseñado para monopolizar la posesión, controlar el ritmo del partido y generar superioridades a través de la calidad técnica de sus centrocampistas y atacantes.
Marcelo Bielsa confió la portería a Sergio Muslera, que estuvo protegido por una línea defensiva integrada por Guillermo Varela en el lateral derecho, Ronald Araújo y Sebastián Cáceres como pareja de centrales, y Mathías Olivera ocupando el carril izquierdo. En el centro del campo, el seleccionador uruguayo apostó por un trío de enorme recorrido formado por Manuel Ugarte, Rodrigo Bentancur y el capitán Federico Valverde, encargado de liderar al equipo tanto por su despliegue físico como por su influencia en la construcción y en las llegadas al área rival. En ataque, Agustín Canobbio y Juan Sanabria acompañaron al delantero Darwin Núñez, principal referencia ofensiva de la Celeste y encargado de fijar a la defensa española con su potencia y profundidad.
Por su parte, Luis de la Fuente presentó un once con una clara apuesta por el control del balón y el talento ofensivo. Unai Simón ocupó la portería, mientras que la defensa quedó formada por Marcos Llorente en el lateral derecho, Pau Cubarsí y Aymeric Laporte en el eje de la zaga, y Marc Cucurella en el costado izquierdo. En la medular, el capitán Rodri asumió la dirección del juego acompañado por Pedri y Álex Baena, formando un centro del campo con capacidad para dominar la posesión, acelerar el juego y encontrar espacios entre líneas. En la parcela ofensiva, Lamine Yamal aportó desequilibrio y velocidad por banda, mientras que Mikel Oyarzabal y Mikel Merino completaron el frente de ataque, ofreciendo movilidad constante y presencia en las inmediaciones del área uruguaya.
Con estos veintidós protagonistas dio comienzo un partido que, desde el mismo anuncio de las alineaciones, prometía un enfrentamiento de enorme nivel entre dos estilos claramente diferenciados: la intensidad, el despliegue físico y la verticalidad de Uruguay frente al fútbol asociativo, la paciencia con el balón y la calidad técnica de una selección española repleta de futbolistas llamados a marcar diferencias en la élite internacional. La presencia de referentes como Valverde, Araújo, Rodri, Pedri, Lamine Yamal o Darwin Núñez anticipó un duelo de máxima exigencia que respondió a la expectación generada antes del inicio del encuentro.
La Selección Española de Fútbol, vigente campeona de la Eurocopa 2024 que se celebró en Alemania, volvió a demostrar que, cuando consigue imponer su idea de juego desde el primer minuto, resulta tremendamente difícil discutirle el control de un partido. En un encuentro de enorme trascendencia para el desenlace del Grupo H del Mundial de 2026, el conjunto dirigido por Luis de la Fuente derrotó por la mínima a Uruguay (0-1), un marcador corto para lo que reflejó el desarrollo del juego, pero suficiente para sellar el liderato del grupo y confirmar su presencia en los octavos de final. En el lado opuesto quedó una selección uruguaya completamente desolada, incapaz de encontrar respuestas futbolísticas durante gran parte del encuentro y condenada a una nueva eliminación en la fase de grupos, repitiendo el amargo desenlace vivido en Catar 2022. El pitido final dejó imágenes de celebración en el bando español y de profunda frustración en una Celeste que terminó el partido desquiciada, con un lesionado, una expulsión y muchas dudas alrededor del proyecto de Marcelo Bielsa.
Desde mucho antes del inicio ya se respiraba un ambiente de auténtica final. España llegaba dependiendo de sí misma para acabar como primera del grupo, mientras que Uruguay necesitaba una victoria para evitar despedirse prematuramente del torneo. Con ese contexto, ambos equipos saltaron al terreno de juego conscientes de que cualquier detalle podía decidir el futuro de su Mundial. Luis de la Fuente apostó por un once muy reconocible, con Unai Simón bajo palos; Marcos Llorente, Pau Cubarsí, Aymeric Laporte y Marc Cucurella en defensa; Rodri como director absoluto del centro del campo junto a Pedri y Álex Baena; y un ataque formado por Lamine Yamal, Mikel Oyarzabal y Mikel Merino. Marcelo Bielsa respondió con Sergio Muslera en la portería; Guillermo Varela, Ronald Araújo, Sebastián Cáceres y Mathías Olivera atrás; Manuel Ugarte, Rodrigo Bentancur y Federico Valverde en la medular; y un frente ofensivo con Agustín Canobbio, Juan Sanabria y Darwin Núñez.
Desde el saque inicial quedó claro cuál iba a ser el guion del encuentro. España monopolizó la posesión prácticamente desde el primer balón. Rodri comenzó a mover al equipo con una naturalidad extraordinaria, apareciendo constantemente entre los centrales para iniciar cada jugada y ofreciendo siempre una línea de pase segura. A su alrededor, Pedri y Álex Baena encontraban espacios con una facilidad asombrosa, mientras Lamine Yamal obligaba continuamente a Mathías Olivera a retroceder varios metros para impedir que recibiera en ventaja. Uruguay, por el contrario, aceptó demasiado pronto un papel secundario. El conjunto de Bielsa intentó presionar arriba durante los primeros minutos, pero pronto comprobó que la circulación española era demasiado rápida y precisa para sostener ese esfuerzo durante mucho tiempo.
La Roja comenzó entonces a instalarse definitivamente en campo rival. Los pases cortos, los cambios de orientación y las constantes permutas entre Pedri, Baena y Oyarzabal obligaban a Uruguay a correr detrás del balón sin apenas posibilidades de recuperarlo. La posesión española rondaba el setenta por ciento y el dominio territorial era absoluto. No era una posesión estéril. Cada circulación tenía un objetivo muy claro: atraer la presión uruguaya para encontrar espacios entre líneas y atacar con velocidad una vez aparecía el hueco.
Uruguay sufría especialmente porque Manuel Ugarte y Rodrigo Bentancur se veían continuamente superados por la movilidad de los centrocampistas españoles. Federico Valverde multiplicaba esfuerzos para intentar equilibrar al equipo, recorriendo decenas de metros tanto para ayudar en defensa como para incorporarse al ataque, pero sus esfuerzos resultaban insuficientes. Darwin Núñez apenas entraba en contacto con el balón. Laporte y Cubarsí ofrecieron una exhibición de colocación, anticipación y contundencia, anulando prácticamente cualquier intento del delantero uruguayo por atacar la profundidad.
Con el paso de los minutos comenzaron a llegar las primeras ocasiones españolas. Lamine Yamal protagonizó varias acciones individuales que levantaron al público de sus asientos, mientras Oyarzabal y Merino alternaban posiciones para desordenar constantemente la defensa celeste. Muslera empezó a convertirse en protagonista con varias intervenciones que mantenían con vida a Uruguay, aunque la sensación era que el gol español podía llegar en cualquier momento.
Las estadísticas reflejaban perfectamente lo que sucedía sobre el césped. España no solamente dominaba la posesión, sino que también acumulaba la mayoría de los remates, las recuperaciones en campo contrario y los ataques peligrosos.
El valor de goles esperados comenzaba a inclinarse claramente hacia el conjunto español, mientras Uruguay apenas lograba acercarse a la portería de Unai Simón. De hecho, durante gran parte de la primera mitad el guardameta español fue un espectador más del partido, sin necesidad de intervenir ante una selección uruguaya incapaz de enlazar tres pases consecutivos en campo rival.
El fútbol, sin embargo, acostumbra a decidirse por pequeños detalles. Y ese detalle apareció cuando el reloj se acercaba al minuto 42. España volvió a iniciar una posesión larga desde su propio campo. Rodri abrió hacia la derecha, Marcos Llorente avanzó unos metros y el balón regresó al centro, donde Pedri apareció para acelerar la jugada con un toque sutil. La defensa uruguaya retrocedía ordenadamente, pero cada pase español iba desgastando un poco más la resistencia celeste. Baena abandonó momentáneamente la posición interior para situarse entre líneas, recibió de espaldas, giró con una calidad extraordinaria y levantó la cabeza buscando la mejor opción. Nadie salió a taparle con la suficiente rapidez. El centrocampista español dio un pequeño toque para acomodarse el balón y, desde la frontal del área, decidió finalizar la jugada.
No fue un disparo violento. Tampoco buscó romper la red con un cañonazo imposible. Fue un remate lleno de inteligencia. Baena golpeó con el interior de su pierna izquierda, buscando colocar el balón junto al palo, aprovechando que la defensa uruguaya había dejado una pequeña ventana de disparo. La pelota salió rasa, con efecto, viajando hacia la esquina inferior de la portería. Muslera leyó correctamente la trayectoria. Dio el paso adecuado, se lanzó convencido de que iba a blocar el balón y todo parecía bajo control. Sin embargo, en el instante decisivo ocurrió lo impensable. El balón impactó en sus manos, pero el veterano guardameta no logró sujetarlo. La pelota se escurrió lentamente entre sus dedos, pasó por debajo de su cuerpo y continuó rodando hacia la línea de gol mientras el portero intentaba desesperadamente reaccionar. Durante unos segundos, el tiempo pareció detenerse. Muslera giró sobre sí mismo intentando evitar lo inevitable, pero el balón terminó cruzando completamente la línea. El estadio explotó de alegría con el gol español mientras el guardameta uruguayo permanecía arrodillado, mirando al césped, consciente de que acababa de cometer uno de los errores más dolorosos de toda su trayectoria internacional.
Álex Baena corrió hacia el córner completamente desatado. Sus compañeros lo abrazaron conscientes de la importancia de un gol que podía valer un liderato de grupo. En el banquillo español, Luis de la Fuente celebró con moderación, sabiendo que todavía quedaba mucho partido por delante. En el lado contrario, la imagen era devastadora. Muslera permanecía inmóvil, con la mirada perdida, mientras varios compañeros intentaban levantarle el ánimo. A sus 38 años, el histórico portero veía cómo un error individual condicionaba no solo aquel partido, sino probablemente el desenlace del Mundial para Uruguay.
La acción terminó adquiriendo un enorme peso histórico. Con ese fallo, Muslera se convirtió en el primer guardameta desde 1966 en cometer tres errores directos que acabaron en gol durante una misma Copa del Mundo, un dato demoledor para uno de los futbolistas más importantes de la historia reciente de la selección uruguaya. Bielsa comprendió inmediatamente el impacto psicológico de lo sucedido y decidió sustituir al guardameta durante el descanso, un cambio cargado de simbolismo que sonó casi como el final de una era para una de las grandes leyendas del fútbol uruguayo.
el desenlace del Grupo H, las sensaciones de ambas selecciones fueron completamente opuestas y este Mundial, el más largo de la historia, empezó a evidenciar su complejidad.
España abandonó el estadio reforzada tanto por el resultado como por la imagen ofrecida. La selección de Luis de la Fuente cerró la fase de grupos como primera de grupo, sumando una victoria de enorme prestigio gracias a un ejercicio de madurez futbolística. La Roja confirmó que es una de las candidatas al título tras completar un partido muy serio, dominando la posesión, controlando los tiempos y mostrando una gran solidez defensiva. El equipo español apenas concedió ocasiones, volvió a apoyarse en la jerarquía de Rodri para gobernar el centro del campo y encontró en Álex Baena al futbolista decisivo con un gol que valió una clasificación merecida. La única nota negativa fue la lesión de Yeremy Pino en los minutos finales, aunque el balance general dejó un equipo con confianza, personalidad y la sensación de llegar a las eliminatorias en un gran momento de forma.

Uruguay, por el contrario, cerró una de las noches más amargas de los últimos años. La derrota certificó su eliminación en la fase de grupos, repitiendo el fracaso sufrido en Catar 2022 y dejando muchas dudas sobre el proyecto liderado por Marcelo Bielsa. La Celeste nunca encontró soluciones al dominio español, apenas inquietó a Unai Simón durante los noventa minutos y volvió a mostrar una preocupante falta de eficacia ofensiva. Al golpe deportivo se unieron varios contratiempos: el grave error de Sergio Muslera que terminó decidiendo el partido, la lesión de Manuel Ugarte antes del descanso y la expulsión de Agustín Canobbio en el tiempo añadido, reflejo de la frustración con la que terminó el encuentro.
La imagen final fue la de un equipo abatido, consciente de haber desaprovechado una nueva oportunidad de competir por objetivos importantes y obligado ahora a iniciar una profunda reflexión sobre su futuro inmediato.

📋 Ficha técnica |
URUGUAY: Muslera (Rochet, descanso); Varela, Cáceres, Sanabria (Rodríguez, min.70), Olivera; Valverde (Viñas, min.57), Ugarte (De la Cruz, min.45), Bentancur; Canobbio, Núñez y M.Araújo.
ESPAÑA: Unai Simón; Llorente, Cubarsí, Laporte, Cucurella; Rodri, Pedri (Fabián, min.60); Lamine (Williams, min.76), Merino (Olmo, min.60), Baena (Yeremy, min.66); y Oyarzabal (Torres, min.76).
ÁRBITRO: Ismail Elfath (USA). Amonestó a Sanabria (min.54), Varela (min.58) y De la Cruz (min.93) por parte de Uruguay. Y a Baena (min.46) en España. Expulsó a Canobbio (min.95) por roja directa.
ESTADIO: Akron de Guadalajara (México).
Goles |
0-1 Álex Baena 42’ ⚽️