
🟨 España recupera su mejor versión y arrolla a Austria para meterse en los octavos de final del Mundial (3-0).

Cuando el Mundial entra en su fase más exigente ya no hay margen para el error. Las eliminatorias separan a los candidatos de los aspirantes y convierten cualquier detalle en definitivo. España lo sabía y respondió como lo hacen los equipos que aspiran a llegar lejos: con personalidad, con autoridad y, sobre todo, con una versión muy cercana a la que Luis de la Fuente lleva meses intentando consolidar. La selección se impuso con claridad a Austria (3-0) en el SoFi Stadium de Los Ángeles y certificó su clasificación para los octavos de final gracias a un doblete de Mikel Oyarzabal y al estreno goleador de Pedro Porro con la absoluta.
El triunfo llevó la firma de Mikel Oyarzabal, autor de un doblete que volvió a demostrar por qué atraviesa uno de los mejores momentos de su carrera. El delantero de la Real Sociedad volvió a aparecer cuando el equipo más lo necesitaba, interpretando cada movimiento dentro del área con la inteligencia que le caracteriza y castigando cada desajuste defensivo de Austria. Entre ambos tantos apareció también Pedro Porro, que coronó una actuación sobresaliente estrenando su cuenta goleadora con la selección absoluta tras incorporarse desde segunda línea para sorprender a toda la defensa rival.
Pero reducir el partido únicamente a los goles sería quedarse muy corto. España ganó porque volvió a ser España. Porque el centro del campo recuperó el control absoluto del juego. Porque Rodrigo Hernández volvió a ejercer como ese futbolista que ordena absolutamente todo lo que sucede a su alrededor. Porque Pedri volvió a dominar el tiempo de cada jugada con una naturalidad impropia de un futbolista de su edad. Porque Dani Olmo apareció constantemente entre líneas para generar superioridades. Porque Lamine Yamal convirtió cada balón que pasó por sus botas en una amenaza permanente para Austria. Y porque, cuando el equipo perdió el balón, todos entendieron que el esfuerzo colectivo seguía siendo la mejor forma de defender.
Luis de la Fuente decidió no tocar aquello que había funcionado durante la fase de grupos. El seleccionador español apostó por dar continuidad al once que mejores sensaciones había transmitido, convencido de que las eliminatorias exigían certezas antes que experimentos. Pedro Porro volvió a ocupar el lateral derecho, Dani Olmo recuperó la mediapunta para conectar el juego entre líneas y el resto de la estructura permaneció prácticamente inalterable. El mensaje era evidente: España quería imponer su personalidad desde el primer minuto y evitar que el encuentro se convirtiera en una batalla incómoda.
El ambiente en el SoFi Stadium acompañaba a una noche de Mundial. Más de setenta mil espectadores llenaban las gradas de uno de los estadios más espectaculares del planeta mientras la selección española saltaba al césped consciente de que las eliminatorias no permiten margen de error. Los errores de la fase de grupos quedan atrás. A partir de ahí cada partido puede significar continuar soñando o regresar a casa. Esa presión suele paralizar a muchos equipos. España decidió convertirla en combustible.
Ni siquiera había transcurrido un minuto cuando llegó el primer aviso. Rodrigo recuperó un balón en la medular y encontró rápidamente a Pedri. El canario apenas necesitó dos toques para girarse y cambiar el juego hacia la derecha, donde esperaba Lamine Yamal. El extremo controló orientado, encaró a su defensor con esa mezcla de descaro y naturalidad que parece acompañarle desde que debutó como profesional y sacó un disparo cruzado que obligó a Patrick Schlager a intervenir por primera vez. No fue una ocasión clarísima, pero sí una declaración de intenciones. España quería atacar desde el primer segundo.
Aquella acción marcó el camino de los siguientes minutos. Austria apenas conseguía superar la presión española. Cada salida desde atrás encontraba inmediatamente a Oyarzabal y Dani Olmo encimando a los centrales, mientras Pedri y Rodrigo reducían los espacios por dentro para impedir que los centrocampistas austriacos recibieran con comodidad. La consecuencia era inmediata: recuperaciones constantes cerca del área rival y ataques cada vez más continuados.
Con el paso de los minutos comenzó a aparecer una de las grandes virtudes de la selección. Cuando el balón llegaba a Rodrigo Hernández, el partido parecía detenerse durante una fracción de segundo. El centrocampista del Manchester City elegía siempre la mejor opción, acelerando cuando detectaba espacios y pausando el juego cuando el equipo necesitaba respirar. A su alrededor, Pedri ofrecía constantemente líneas de pase mientras Dani Olmo alternaba apoyos cortos con desmarques entre los centrales para romper la organización defensiva de Austria.
Ralf Rangnick había preparado un planteamiento muy agresivo, intentando impedir que España dominara la posesión durante demasiado tiempo. Durante algunos minutos consiguió equilibrar el encuentro gracias a una presión intensa en campo contrario, obligando incluso a Unai Simón a participar en la circulación desde atrás. Sin embargo, esa propuesta exigía un desgaste enorme y pronto comenzaron a aparecer los primeros espacios.
España empezó entonces a mover el balón con mucha más velocidad. Los cambios de orientación encontraban continuamente libres a los laterales, especialmente a Marc Cucurella, que encontraba metros para incorporarse al ataque. Cada subida del jugador catalán obligaba al extremo derecho de Austria a recorrer cuarenta o cincuenta metros hacia atrás, desgastando poco a poco el sistema defensivo diseñado por Rangnick.
Mientras tanto, Lamine Yamal seguía protagonizando buena parte de las acciones ofensivas. Austria había preparado ayudas constantes sobre el extremo, llegando incluso a defenderle en ocasiones con dos y tres futbolistas. Sin embargo, cada vez que recibía conseguía generar incertidumbre. En una de esas acciones dejó atrás a dos rivales con un simple cambio de ritmo y puso un centro peligroso que Oyarzabal estuvo a punto de convertir en el primer tanto de la noche.
Austria consiguió respirar durante unos minutos gracias a una posesión más larga de lo habitual. No generaba ocasiones, pero sí obligaba a España a correr hacia atrás y a abandonar durante algunos instantes ese dominio territorial que había impuesto desde el inicio. Rangnick había pedido a sus centrocampistas que dejaran de jugar en largo y buscaran atraer la presión española para encontrar después a sus extremos en carrera. El plan tuvo cierto efecto durante un pequeño tramo del primer tiempo, aunque apenas sirvió para alejar el peligro de la portería de Schlager.
La selección española seguía transmitiendo una sensación de madurez poco habitual. No había precipitación. Nadie aceleraba una jugada cuando no era necesario. Cada ataque parecía construirse con paciencia, esperando el momento exacto para romper la estructura defensiva rival. Rodrigo dirigía el ritmo del encuentro desde el círculo central, Pedri aparecía constantemente para ofrecer una línea de pase y Dani Olmo se movía entre líneas con una libertad que Austria nunca consiguió controlar.
Fue precisamente una pausa para la hidratación la que terminó de cambiar el partido. Luis de la Fuente aprovechó esos minutos para ajustar la presión y pedir a sus laterales que se incorporaran todavía con mayor frecuencia al ataque. La respuesta fue inmediata. España regresó al césped con una marcha más y empezó a encerrar definitivamente a Austria en su propio campo.
La primera gran combinación llegó tras una larga posesión de más de un minuto. El balón pasó por prácticamente todos los futbolistas españoles hasta llegar a Pedri. El canario levantó la cabeza y encontró a Lamine Yamal entre dos defensores. El extremo controló de espaldas, aguantó el contacto y descargó de primeras para Dani Olmo. El mediapunta vio la incorporación de Marc Cucurella por la izquierda y filtró un pase perfecto. El lateral puso el balón al área y, tras una serie de rechaces, la pelota acabó en la red. La celebración apenas duró unos segundos. El colegiado señaló una falta previa sobre Patrick Schlager y el marcador continuó sin moverse.
Lejos de desesperarse, España interpretó el gol anulado como una confirmación de que el camino era el correcto. Apenas dos minutos después volvió a rozar el tanto. Lamine Yamal recibió abierto en la derecha, encaró a su marcador y buscó el disparo cruzado con la zurda. Schlager respondió con una intervención espectacular, desviando el balón con la punta de los dedos. El rechace cayó franco para Mikel Oyarzabal, que armó rápidamente el disparo desde el interior del área, pero el guardameta austriaco volvió a aparecer con otra parada de enorme mérito para mantener con vida a su selección.
Sin embargo, Austria empezaba a dar señales de agotamiento. Los esfuerzos para perseguir el balón comenzaban a pasar factura y cada recuperación española encontraba más espacios para progresar. Era cuestión de tiempo que llegara el premio.
El primer gol nació de una de esas jugadas que resumen perfectamente la identidad de esta selección. Rodrigo recuperó un balón dividido en el centro del campo y cedió rápidamente a Pedri. El centrocampista del Barcelona avanzó varios metros conduciendo con la cabeza levantada, atrayendo hacia él a dos rivales antes de abrir el juego hacia la izquierda. Allí apareció Marc Cucurella, que no necesitó más de un control para poner un pase raso hacia el punto de penalti. Mientras la defensa austriaca retrocedía mirando el balón, Mikel Oyarzabal atacó el espacio con un movimiento perfecto. Llegó desde atrás completamente libre de marca y conectó un remate de primeras que superó a Schlager con un disparo ajustado al palo. Corría el minuto 29 y España encontraba por fin un premio que llevaba muchos minutos mereciendo.
La celebración del delantero fue casi tan contenida como significativa. Sabía que aquel gol liberaba al equipo y rompía definitivamente la resistencia de Austria. Sus compañeros corrieron inmediatamente hacia él mientras el SoFi Stadium respondía con una ovación para una selección que estaba ofreciendo probablemente sus mejores minutos desde el inicio del campeonato.
Con el marcador a favor, España no levantó el pie del acelerador. Todo lo contrario. El gol aumentó todavía más la confianza del equipo. Las combinaciones comenzaron a aparecer con una naturalidad extraordinaria y Austria ya apenas conseguía salir de su propio campo. Cada recuperación española se convertía en un nuevo ataque y el segundo tanto parecía mucho más cercano que el empate.
Pedri ofrecía un recital de interpretación del juego. Cada control orientado eliminaba a un rival. Cada giro encontraba un espacio nuevo. Rodrigo equilibraba absolutamente todo y Dani Olmo aparecía continuamente entre líneas para conectar con Lamine Yamal o con un Oyarzabal que no dejaba de ofrecer apoyos y rupturas. Era un ejercicio colectivo de enorme nivel.
Austria únicamente consiguió acercarse a la portería de Unai Simón en los últimos minutos de la primera parte, aprovechando un par de pérdidas poco habituales del centro del campo español. Sin embargo, Laporte y Cubarsí respondieron con enorme firmeza, imponiéndose en todos los duelos y evitando que el conjunto de Rangnick pudiera finalizar sus ataques.
Antes del descanso todavía habría tiempo para dos nuevas ocasiones españolas. Primero fue Álex Baena quien ejecutó un lanzamiento de falta extraordinario que superó la barrera y terminó estrellándose violentamente contra el larguero. El sonido del balón golpeando la madera fue casi tan contundente como la sensación de superioridad que transmitía España. Poco después, Lamine Yamal volvió a encontrar un espacio dentro del área y sacó un disparo que pasó muy cerca del poste tras rozar ligeramente en un defensor.
El descanso llegó con la sensación de que el 1-0 hacía justicia a lo visto sobre el césped, aunque también dejaba la impresión de que España había hecho méritos suficientes para marcharse a los vestuarios con una ventaja todavía mayor. Austria seguía con vida en el marcador, pero encontrar una forma de frenar el fútbol que estaba desplegando la selección española parecía una misión cada vez más complicada.
La segunda mitad arrancó con un cambio en el combinado austriaco, que dio entrada a Chukwuemeka y Grillitsch para dotar de más presencia al equipo en el centro del campo. Sin embargo, la tónica seguía siendo la misma de los últimos minutos de la primera mitad, con una España fluida y robando en campo rival. Y España comenzaría a acumular varias jugadas con sensación de peligro, a las que les faltaba claridad en la definición.
Y ante el dominio abrumado español, Rangnick realizaría otros dos cambios ofensivos, Arnautovic y Kalajdzic. Dos referencias arriba con las que intentar poner en apuros a unos inmaculados, hasta ese momento, Laporte y Cubarsí. Sin embargo, lo que llegaría sería el segundo gol de España. Una jugada por banda izquierda acabaría con un centro de Baena que cabecearía, llegando de segunda línea, Pedro Porro al fondo de la red, que anotaba su primer gol como internacional absoluto.
Se hacía justicia a lo que se estaba viendo sobre el césped del SoFi Stadium, y con el pase a octavos encarrilado, Luis de la Fuente aprovechó para dar entrada a Ferran Torres y Mikel Merino, en lugar del Álex Baena y Dani Olmo, ambos notables. Todo ello tras la pausa de hidratación de la segunda mitad, que frenó el ritmo del encuentro, lo que permitió a Austria disponerse más asiduamente en campo español. Eso sí, la ‘Roja’ comenzaba a tener espacios para correr a la contra.
Y en esas llegaría el tercer y último tanto del partido. España volvió a encontrar la profundidad por medio de Cucurella en la banda izquierda. Y como ocurriera en el primer gol, el nuevo jugador del Real Madrid contactó con un Oyarzabal completamente solo en el interior del área, que sólo tuvo que empujarla para firmar su doblete en el encuentro y su cuarto gol en el Mundial.

ESPAÑA: Unai Simón; Pedro Porro, Cubarsí, Laporte (Pubill, min.90+3), Cucurella; Rodri, Pedri (Fabián, min.90+3); Lamine Yamal (Gavi, min.85), Dani Olmo (Merino, min.71), Álex Baena (Ferran Torres, min.71); y Mikel Oyarzabal.
AUSTRIA: Schlager; Posch, Danso, Wöber, Mwene; Seiwald (Grillitsch, descanso), Laimer (Chukwuemeka, descanso), Sabitzer; Schmid (Arnautovic, min.63), Baumgartner (Kalajdzic, min.63) y Gregoritsch.
ESTADIO: SoFi Stadium de Los Ángeles (Estados Unidos).
Goles |
1-0 Mikel Oyarzabal 29’ ⚽️
2-0 Pedro Porro 68’ ⚽️
3-0 Mikel Oyarzabal 82’ ⚽️